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Béisbol en la maleta – The New York Times

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Béisbol en la maleta – The New York Times


Embajadores venezolanos del deporte, el legado controversial de Kissinger y más para el fin de semana.


Más allá de su costa caribeña, Colombia no es un país aficionado al béisbol. Sin embargo, Bogotá vive un florecimiento beisbolístico impulsado por la llegada de migrantes venezolanos. James Wagner, corresponsal del Times radicado en Ciudad de México, escribió recientemente sobre ese auge. Hace unos días hablé con él para que me contara sobre las repercusiones de la migración en el deporte.

A continuación, presentamos nuestra conversación condensada y editada por espacio.

Elda Cantú: ¿Cómo llegaste a esta historia?

James Wagner: Empecé a reportearla hace como un año y medio, cuando cubría el béisbol de las Grandes Ligas y veía lo que estaba sucediendo con el éxodo venezolano. Unos ojeadores, o scouts, me sugirieron que fuera a ver la cantidad de niños venezolanos que se estaban desarrollando en el deporte en el sur de Florida. Luego me mudé a México, hablé con mis colegas y encontré algunos datos: hay más venezolanos en Bogotá que en Florida, así que era más lógico enfocarme ahí. Es la capital, ubicada más o menos al centro de Colombia, donde no se juega mucho béisbol y hace más frío. Encontré una liga de béisbol por internet. Llamé y pregunté si ahí participaban muchos venezolanos. “Como 90 y tantos por ciento de nosotros somos venezolanos”, me dijo una funcionaria de la liga. Tenía que ir en persona a verlos jugar y escribir esa historia.

EC: Como la migración venezolana está en tantos lugares de América Latina, ¿crees que podemos esperar que pase lo mismo en otras comunidades donde no se juega mucho béisbol?

JW: Hace poco vi que había un equipo de béisbol representando a Chile en un torneo y la mayoría eran venezolanos. Después de Colombia, el país al que han ido más venezolanos es Perú. Estoy seguro de que si busco una liga en ese país, donde no se juega mucha pelota, encontraré el mismo fenómeno.

Y también en las Grandes Ligas, en Estados Unidos: hay tres jugadores que son venezolanos pero se desarrollaron en otros países. Abraham Toro, cuyos padres se fueron a Québec y él creció en Canadá; Luis Guillorme, quien nació en Caracas pero se crio en Florida, y Jesús Luzardo, nacido en Perú de padres venezolanos y quien juega para los Marlins en Miami. Creo que habrá más jugadores como ellos y como estos niños en Bogotá. Por eso quería escribir sobre el tema, porque el futuro va a ser más así y creo que van a llegar a los niveles más altos del deporte.

EC: En tu reportaje, una persona te dice que tiene miedo de hablar con acento venezolano en el transporte público en Colombia. Por ejemplo, en Perú se ha visto tensión en el fútbol con la hinchada de venezolanos. ¿Crees que más allá de las rivalidades, el deporte tiene el poder de unir, y que estas ligas pueden reducir las tensiones en comunidades receptoras de migración?

JW: Obviamente no es un remedio para todos los problemas del mundo o de un país, pero ayuda. El deporte es un idioma común entre comunidades. Los colombianos que aman el béisbol tal vez se entenderán mejor con los venezolanos, porque en Venezuela hay un campo en cada esquina. Pero el deporte no puede solucionar si la gente no tiene qué comer ni dónde vivir y enfrenta cada vez más xenofobia.

EC: En tu nota hablas con Pastor Colmenares, uno de los árbitros, o umpire, de la liga en Bogotá, quien te dice que para él solo su familia viene antes que el deporte…

JW: Él cruzó la frontera a pie con una maleta, y su equipo de árbitro ocupaba buena parte de esta. Su hijo se fue a Chile, allá tiene una nieta de seis años y no ha podido conocerla porque necesita visa para visitarla. Los venezolanos ahora tienen familia por todo el mundo y tal vez no pueden verse pero se refugian en cosas como el deporte. Colmenares me contó que a veces encuentra motocicletas con las llaves que dejaron puestas por accidente y él se acerca a tocar la puerta y se las devuelve a sus dueños. Dice que lo hace para combatir la imagen de que sus compatriotas traen delincuencia.

EC: Tú también te mudaste hace poco de Estados Unidos a México, ¿trajiste algún implemento deportivo en la mudanza?

JW: Me gusta levantar pesas, hacer yoga, andar en bicicleta. Traje mi bicicleta conmigo. Pero más que nada, como nicaragüense-estadounidense, traje mi guante de béisbol y algunas pelotas. El año pasado participé con el equipo de sóftbol de The New York Times en el Publishers Softball League, ¡y ganamos por primera vez en cinco años! No sé si yo sea la causa, pero espero seguir jugando aquí. Tengo que encontrar una liga.


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El miércoles murió Henry Kissinger, artífice de la política exterior estadounidense durante los años más complejos de la posguerra. David E. Sanger, quien cubre la Casa Blanca y temas de seguridad nacional y entrevistó en numerosas ocasiones a Kissinger, escribió en su obituario:

Pocos diplomáticos han sido tan celebrados y vilipendiados como Kissinger. Considerado el secretario de Estado más poderoso de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial, fue aclamado como un líder pragmático y realista que remodeló la diplomacia para reflejar los intereses estadounidenses y también fue criticado por dejar de lado los valores estadounidenses, especialmente en el ámbito de los derechos humanos, si creía que eso servía a los intereses del país.

Patricia Nieto y Sabrina Duque producen y editan este boletín.